Nadie se baña dos
veces en el mismo río

 

Lluvia, vapor y velocidad. Tres elementos que, pese a estar presentes en la obra más representativa de Turner, pasan desapercibidos antet la potencia de la luz. Juntos crean esa atmósfera tan característica del pintor inglés, de contornos desdibujados, que hablan de percepción y dejan atrás la mímesis. De los poros de su obra supura el romanticismo más puro, donde la majestuosidad de la naturaleza deja de lado lo bello para adentrarse en lo sublime.

Nadie se baña dos veces en el mismo río reúne quince instantes capturados desde la postura del viajero. Hablo de instantes y no de instantáneas porque cada imagen consta de su propia duración, otorgada por el obturador o por un paisaje que transcurre a la misma velocidad que ejerce el vehículo en su contra. Este juego de tiempos, directamente relacionados el metrónomo que constituye mi propio cuerpo, genera momentos que albergan en su interior varios segundos, culpables de la deformación del paisaje y sus colores.

Es en este punto cuando la idea de lo sublime vuelve a hacer acto de presencia tal y como lo definiría Schopenhauer. La realidad que conozco se limita a mi percepción temporal, distorsionada por las revoluciones de mi pequeño Skoda. El acto de viajar pierde su carácter rutinario y de lo cotidiano brota lo fantástico del realismo mágico.

  • Alicia

    me encanta el resultado de los efectos de velocidad, parecen incluso pinturas antes que fotografía, enhorabuena!^^

  • Siesoes

    Horroroso. El arte moderno apesta, no hay vuelta de tuerca.

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